viernes, 22 de mayo de 2009

BIENVENIDA

Esta es mi primer ocasion de aber elaborado un blog

decidi hacerlo del poeta Ignacio Manuel Altamirano

decidi escribirlo de el ya que es un poeta mexicano

ademas sus obras contienen poemas muy interesantes

y me agradaron apesar de que son un poco largos

espero y les guste la informacion que les dejo a continuación.

Biografia


Ignacio Manuel Altamirano








Nace cerca de Tixtla, en el estado de Guerrero, el 13 de noviembre de 1834, sus padres Francisco Altamirano y Gertrudis Basilio, eran indígenas puros; el primero recibió su apellido del español Juan Altamirano, padrino de uno de sus ascendientes. Altamirano cumple 14 años sin hablar castellano, lengua de la cultura oficial, por lo tanto aún no sabe leer y escribir. Inicia precisamente por aquel entonces un proceso de alfabetización que sorprende por su rapidez y consigue, en 1849, una beca instituida por Ignacio Ramírez "El Nigromante" para estudiar en el Instituto Literario de Toluca, donde éste mismo imparte sus enseñanzas, siendo además, intelectual y librepensador, futuro ministro con Porfirio Díaz, cuyo interés por la juventud indígena le convierte en mentor y amigo de Altamirano.Estudiante de derecho en el Colegio de San Juan de Letrán, costeó sus estudios dando clases de francés en una escuela particular.Altamirano alinea con los revolucionarios de Ayutla, combate a los conservadores en la guerra de Reforma y más tarde, tras ponerse decididamente al lado de los juaristas, es elegido en 1861 diputado al Congreso de la Unión, donde pronuncia su famoso discurso contra la amnistía a los enemigos de la Reforma (10 de julio de 1861), Cuando la Intervención Francesa participa, con el grado de coronel (1863,1867) en varias acciones militares, en las batallas de Tierra Blanca, Cuernavaca y Querétaro. Es citado en la orden general del ejército por su comportamiento, "como un héroe" en el sitio de Querétaro.En 1867, restablecida ya la República, consagra por fin su vida a la enseñanza, la literatura y el servicio público, en el que desempeña muy distintas funciones como magistrado, presidente de la Suprema Corte de Justicia y oficial mayor en el Ministerio de Fomento.


Funda junto a su maestro Ignacio Ramírez y Guillermo Prieto, el Correo de México, publicación que le sirve para exponer y defender su ideario romántico y liberal; dos años más tarde, en 1869, aparece gracias a sus desvelos la revista Renacimiento, que se convierte en el núcleo que agrupa y articula los más destacados literatos e intelectuales de la época con el común objetivo de renovar las letras nacionales. Ese deseo de renacimiento literario y el encendido nacionalismo, que tan bien se adapta a sus ardores románticos, desembocarán en la publicación de sus Rimas (187 1), en cuyas páginas las descripciones de paisaje patrio le sirven de instrumento en la búsqueda de una lírica genuinamente mexicana. En 1868, había publicado Clemencia, considerada por los estudiosos como la primera novela mexicana moderna y había tenido una destacada intervención en las Veladas Literarias que tanta importancia tuvieron en la historia de la literatura mexicana. Otras de su obras de tipo narrativo son: La Navidad en las montañas (1870), Cuentos de invierno (1880).Su novela El Zarco "Episodios de la vida mexicana en los años 1861-1863" es editada póstumamente en el año de 1901.Su concepto del hombre y de la patria, su incansable actividad cultural, su defensa de los valores indigenistas, su decidida apuesta por las ideas de progreso justifican que se le haya comparado con unade las figuras míticas de la historia de México, al afirmar que fue el apóstol de la cultura como Juárez lo fue de la libertad mexicana.Se esforzó por crear e impulsar una literatura de contenido y acento nacionales, pero con raíces en las ideas universales. La obra educativa de Manuel Altamirano fue muy notable. Fue profesor en la Escuela Nacional Preparatoria, la Escuela de Comercio, la de Jurisprudencia, la Nacional de Profesores y otros establecimientos docentes; así, tanto por su vida como por su incesantemagisterio, Altamirano se ganó a pulso el título de "maestro" que tantos le otorgan.


El 13 de junio de 1889 fue nombrado Cónsul General de España, con residencia en Barcelona y posteriormente en Francia (18 de febrero de 1890). Visita Italia y Suiza. Enferma; se traslada a San Remo, Italia,donde muere el 13 de febrero de 1893. En 1934, al celebrarse el centenario de su nacimiento, el Congreso de la Unión acordó que sus cenizas fueran trasladadas del Panteón Francés a la Rotonda de los Hombres Ilustres.
LA SALIDA DEL SOL






Ya brotan del sol nacientelos
primeros resplandores,
dorando las altas cimas
de los encumbrados montes.

Las neblinas de los valles
hacia las alturas corren,
y de las rocas se cuelgan
o en las cañadas se esconden.

En ascuas de oro convierten
del astro rey los fulgores,
del mar que duerme tranquilo
las mansas ondas salobres.
sus hilos tiende el rocío
de diamantes tembladores
,en la alfombra de los prados
y en el manto de los bosques.
sobre la verde ladera
que esmaltan gallardas flores,
elevan sus frente altivalos
enhiestos girasoles,
y las caléndulas rojas
vierte al pie sus olores.

Las amarillas retamas
visten las colinas, donde
se ocultan pardas y alegres
las chozas de los pastores.


Purpúrea el agua del río
lame de esmeralda el bordo,
que con sus hojas encubren
los plátanos cimbradores;
mientras que allá en la montaña,
flotando en la peña enorme,
la cascada se reviste
de iris con los colores.
El ganado en las llanuras
trisca alegre, salta y corre;
cantan las aves, y zumban
mil insectos bullidores
que el rayo del sol anima,
que pronto mata la noche.

En tanto el sol se levanta
sobre el lejano horizonte,
bajo la bóveda limpia
de un cielo sereno . . . Entonces
sus fatigosas tareas
suspenden los labradores,
y un santo respeto embarga
sus sencillos corazones.

En el valle, en la floresta,
en el mar, en todo el orbese
escuchan himnos sagrados,
misteriosas oraciones;
porque el mundo en esta hora
es altar inmenso, en donde
la gratitud de los seres
su tierno holocausto pone;
y Dios, que todos los días
ofrenda tan santa acoge,
la enciende de Sol que nace
con los puros resplandores.








Allí en el valle fértil y risueño,
Do nace el Lerma y,débil todavía
Juega,desnudo de la regia pompa
Que lo acompaña hasta la mar bravía;
Allí donde se eleva
El viejo xinantécatl, cuyo aliento,
Por millares de siglos inflamado,
Al soplo de los tiempos se ha apagado,
Pero que altivo y majestuoso eleva
Su frente que corona eterno hielo
Hasta esconderla en el azul del cielo.
Allí donde el favonio murmurante
Mece los frutos de oro del manzano
Y los rojos racimos del cerezo
Y recoge en sus alas vagarosas
La esencia de los nardos y las rosas.
Allí por vez primera
Un extraño temblor desconocido,
De repente, agitado y sorprendido
Mi adolescente corazón sintiera.
Turbada fue de la niñez la calma,
Ni supe qué pensar en ese instante
Del ardor de mi pecho palpitante
Ni de la tierna languidez del alma.
Era el amor: mas tímido, inocente,
Ráfaga pura del albor naciente,
Apenas devaneo
Del pensamiento virginal del niño;
No la voraz hoguera del deseo,
Sino el risueño lampo del cariño.
Yo la miré una vez, virgen querida
Despertaba cual yo, del sueño blando
De las primeras horas de la vida:
Pura azucena que arrojó el destino
De mi existencia en el primer camino,
Recibían sus pétalos temblando
Los ósculos del aura bullidora
Y el tierno cáliz encerraba apenas
El blanco aliento de la tibia aurora.
Cuando en ella fijé larga mirada
De santa adoración, sus negros ojos
De mi apartó; su frente nacarada
Se tiñó del carmín de los sonrojos;
Su seno se agitó por un momento,
Y entre sus labios espiró su acento.
Me amó también. Jamás amado había;
Como yo, esta inquietud no conocía,
Nuestros ojos ardientes se atrajeron
Y nuestras lamas vírgenes se unieron
Con la unión misteriosa que preside
El hado, entre las sombras, mudo y ciego,
Y de la dicha del vivir decide
Para romperla sin clemencia luego.
¡Ay! Que esta unión purísima debiera
No turbarse jamás, que así la dicha
Tal vez perenne en la existencia fuera:
¿Cómo no ser sagrada y duradera
si la niñez entretejió sus lazos
Y la animó, divina, entre sus brazos
La castidad de la pasión primera?
Pero el amor es árbol delicado
Que el aire puro de la dicha quiere,
Y cuando de dolor el cierzo helado
Su frente toca, se doblega y muere.
¿No es verdad? ¿no es verdad, pobre María?
¿Por qué tan pronto del pesar sañudo
Pudo apartarnos la segura impía?
¿Cómo tan pronto obscurecernos pudo
La negra noche en el nacer del día?
¿Por qué entonces no fuimos más felices?
¿Por qué después no fuimos más constantes?
¿Por qué en el débil corazón, señora,
Se hacen eternos siglos los instantes,
Desfalleciendo antes
De apurar del dolor la última hora?
¡Pobre María! Entonces ignorabas
Y yo también, lo que apellida el mundo
¡Amor... amor! Y ciega no pensabas
Que es perfidia, interés, deleite inmundo,
Y que tu alma pura y sin mancilla
Que amó como los ángeles amaran
Con fuego intenso, mas con fe sencilla,
Iba a encontrarse sola y sin defensa
De la maldad entre la mar inmensa.
Entonces, en los días inocentes
De nuestro amor, una mirada sola
Fue la felicidad, los puros goces
De nuestro corazón... el casto beso,
La tierna y silenciosa confianza,
La fe en el porvenir y la esperanza.
Entonces... en las noches silenciosas
¡Ay! Cuántas horas contemplamos juntos
Con cariño las pálidas estrellas
En el cielo sin nubes cintilando,
Como si en nuestro amor gozaran ellas;
O el resplandor benéfico y amigo
De la callada luna,
De nuestra dicha plácido testigo,
O a las brisas balsámicas y leves
Con placer confiamos
Nuestros suspiros y palabras breves.
¡Oh! ¿qué mal hace al cielo
Este modesto bien, que tras él manda
De la separación el negro duelo,
La frialdad espantosa del olvido
Y el amargo sabor del desengaño,
Tristes reliquias del amor perdido?
Hoy sabes qué sufrir, pobre María,
Y sentiste al presente
El desamor que mezcla su hiel fría
De los placeres en la copa ardiente,
El cansancio, la triste indiferencia,
Y hasta el odio que impío
El antes cielo azul de la existencia
Nos convierte en un cóncavo sombrío,
Y la duda también, duda maldita
Que de acíbar eterno el alma llena,
La enturbia y envenena
Y en el caos del mal la precipita.
Muy pronto, sí, nos condenó la suerte
A no vernos jamás hasta la muerte:
Corrió la primera lágrima encendida
Del corazón a la primera herida,
Mas pronto se siguió el pensar profundo,
Del desdén la sonrisa amenazante
Y la mirada de odio chispeante,
Terrible reto de venganza al mundo.
Mucho tiempo pasó.
Tristes seguimos
El mandato cruel del hado fiero,
Contrarias sendas recorriendo fuimos
Sin consuelo ni afán...
Y bien, señora,
¿Podremos sin rubor mirarnos ora?
¡Ah! ¡qué ha quedado de la virgen bella!
Tal vez la seducción marcó su huella
En tu pálida frente ya surcada,
Porque contemplo en tus hundidos ojos
Señal de llanto y lívida mirada.
Con el fulgor de acero de la ira.
Se marchitaron los claveles rojos
Sobre tus labios ora contraidos
Por risa de desdén que desafía
Tu bárbaro pesar, ¡pobre María!
Y yo... yo estoy tranquilo:
Del dolor las tremendas tempestades,
Roncas rugieron agitando el alma;
La erupción fue terrible y poderosa...
Pero hoy volvió la calma
Que se turbó un momento,
Y aunque siente el volcán mugir violento
El fuego adentro del, nunca se atreve
Su cubierta a romper de dura nieve.
Continuemos, mujer, nuestro camino.
¿Dónde parar? ...¿Acaso los sabemos?
¿Lo sabemos acaso? Que destino
Nos lleve como ayer: ciegos vaguemos,
Ya que ni un faro de esperanza vemos
Llenos de duda y de pesar marchamos,
Marchamos siempre, y a perdernos vamos
¡Ay! De la muerte en el océano obscuro,
¿Hay más allá riberas?... no es seguro,
Quién sabe si las hay; mas si abordamos
A esas riberas torvas y sombrías
Y siempre silenciosas,
Allí sabré tus quejas dolorosas,
Y tú también escucharás las mías.

POEMAS

ATOYAC

Abrase el sol de julio las playas arenosasQue azota con sus tumbos embravecido el mar;Y opongan en su lucha las aguas orgullosasAl encendido rayo su ronco rebramar.Tú corres blandamente bajo la fresca sombraQue el mangle con sus ramas espesas te formó;Y duermen tus remansos en la mullida alfombraQue dulce Primavera de flores matizó.Tú juegas en las grutas que forman tus riberasDe ceibas y parotas el bosque colosal;Y plácido murmuras al pie de las palmeras,Que esbeltas se retratan en tu onda de cristal.En este Edén divino, que esconde aquí la costa,El sol ya no penetra con rayo abrasador;Su luz, cayendo tibia, los árboles no agosta,Y en tu enramada espesa se tiñe de verdor.Aquí sólo se escuchan murmullos mil suaves,El blando son que forman tus linfas al correr,La planta cuando crece, y el canto de las aves,Y el aura que suspira, las ramas al mecer.Osténtanse las flores que cuelgan de tu techoEn mil y mil guirnaldas para adornar tu sien;Y el gigantesco loto, que brota de tu lecho,Con frescos ramilletes inclínase también.Se dobla en tus orillas, cimbrándose, el papayo,El mango con sus pomas de oro y de carmín;Y en los ilamos saltan, gozoso el papagayo,El ronco carpintero y el dulce colorín.A veces tus cristales se apartan bulliciososDe tus morenas ninfas jugando en derredor;Y amante les prodigas abrazos misteriosos,Y lánguido recibes sus ósculos de amor.Y cuando el sol se oculta detrás de los palmares,Y en tu salvaje templo comienza a obscurecer,Del ave te saludan los últimos cantaresQue lleva de los vientos el vuelo postrimer.La noche viene tibia; se cuelga ya brillandoLa blanca luna, en medio de un cielo de zafir,Y todo allá en los bosques se encoge y va callando,Y todo en tus riberas empieza ya a dormir.Entonces en tu lecho de arena, aletargado,Cubriéndose las palmas con lúgubre capuz,También te vas durmiendo, apenas alumbradoDel astro de la noche por la argentada luz.Y así resbalas muelle; ni turban tu reposoDel remo de las barcas el tímido rumor,Ni el repentino brinco del pez que huye medrosoEn busca de las peñas que esquiva el pescador.Ni el silbo de los grillos que se alza en los esteros,Ni el ronco que a los aires los caracoles dan,Ni el hueco vigilante que en gritos lastimerosInquieta entre los juncos el sueño del caimán.En tanto los cocuyos en polvo refulgenteSalpican los umbrosos yerbajes de huamil,Y las oscuras malvas de algodón naciente,Que crece de las cañas de maíz entre el carril.Y en tanto en la cabaña, la joven que se meceEn la ligera hamaca y en lánguido vaivén.Arrúllase cantando la zamba que entristeceMezclado con las trovas el suspirar también.Mas de repente, al aire resuenan los bordonesDel arpa de la costa con incitante son;Y agítanse y preludian la flor de las canciones,La dulce malagueña que alegra el corazón.Entonces, de los Barrios la turba placenteraEn pos del arpa el bosque comienza a recorrer,Y todo en breve es fiestas y danza en tu ribera,Y todo amor y cantos y risas y placer.Así transcurren breves y sin sentir las horas;Y de tus blandos sueños en medio del soporEscuchas a tus hijas, morenas seductoras,Que entonan a la luna sus cántigas de amor.Las aves en sus nidos, de dicha se estremecen,Los floripondios se abren su esencia a derramar;Los céfiros despiertan, y suspirar parecen;Tus aguas en el álveo se sienten palpitar.¡Ay! ¿Quién en estas horas en que el insomnio ardienteAviva los recuerdos del eclipsado bien,No busca el blando seno de la querida ausentePara posar los labios y reclinar la sien?Las palmas se entrelazan, la luz en sus cariciasDestierra de tu lecho la triste oscuridad:Las flores a las auras inundan de delicias...Y sólo el alma siente su triste soledad.Adiós, callado río: tus verdes y risueñasOrillas, no entristezcan las quejas del pesar;Que oírlas sólo deben las solitarias peñasQue azota, con sus tumbos, embravecido el mar.Tú queda reflejando la luna en tus cristales,Que pasan en tus bordes tupidos a mecerLos verdes ahuejotes y azules carrizales,Que al sueño ya rendidos volviéronse a caer.Tú corre blandamente bajo la fresca sombraQue el mangle con sus ramas espesas te formó;Y duermen tus remansos en la mullida alfombraQue alegre Primavera de flores matizó.